Patrona y Fundadora de Paraná
Nuestra Madrecita del cielo
Sara del Rosario Mentasti.
INTRODUCCIÓN
“Nuestra Virgencita del Rosario, Patrona y Fundadora de Paraná, Nuestra Madrecita del cielo”, es un relato que rinde sentido Homenaje a nuestra Madre bajo la Advocación del Rosario, con cuyo nombre y vestido quiso quedarse entre nosotros; y un reconocimiento merecido a la figura del sacerdote, quien contribuyó denodadamente a que su maternal protección jamás nos faltara y fuera difundida a lo largo del tiempo en la Región, el País, y en Latinoamérica.
La Narración conjuga Historia- mediante la indagación documental y bibliográfica-; y la Literatura, aportando imaginación y creatividad para nuestros Niños, docentes, padres, abuelos, y público en general.
Cuando estaba en la panza de mi mamá, y me llenaba de caricias…le escuché decir “Virgencita del Rosario…cuida a mi hijito que crezca sanito y bueno”. Con el paso del tiempo nuevamente estuve, pero de su mano, frente a su imagen. Me dijo un día: “José: ella es la Patrona y Fundadora de Paraná, la Mamita de Jesús y nuestra Madrecita del cielo”.
PARTE I
Mi Virgencita del Rosario y La Baxada del Paraná
Según cuenta la historia los 7 de octubre se celebra su día, recordando una batalla allá por 1541 llamada de Lepanto que sucedió muy muy lejos de aquí. Durante el tiempo que duró la lucha la tripulación rezó las cuentas del Santo rosario. Se la llamó la Patrona de los navegantes, que recorrían los mares divulgando la palabra de Jesusito. Sebastián Gaboto, expedicionario español que recorriera el Paraná, puso su nave también bajo su patronazgo, pero a la vez lo puso al Río. Y fue el Santo Padre San Pío X quien fijó esa fecha del año para festejarla.
A medida que fue pasando el tiempo, mi mamá me llevaba a la Catedral los días 7 para honrar a la Virgen, aunque también lo hacíamos casi todas las semanas. Y así me fue contando su historia que recibí con Amor como un hermoso cuento. Los descubridores, colonizadores y misioneros divulgaron por América las gracias de mi Virgencita.
Durante la segunda década del siglo XVII, las maravillosas tierras que hoy ocupa nuestra querida Paraná, recibieron a los primeros pobladores provenientes de Santa Fe, la ciudad había sido trasladada más al sur, por el asedio de nuestros hermanos aborígenes. Llegaban por el río, buscando verdor y un lugar para habitar. La espléndida y generosa naturaleza entrerriana permitió se fuera ocupando el espacio de la Otra banda del Paraná. El lugar de desembarco se denominó la Bajada. Y se llamó así porque llegaban viajeros a tierra firme para continuar su travesía hacia Corrientes o el Paraguay. Me imagino enormes barcos amarrando en el puerto, con hombres, mamás, niños y abuelos….extasiados por las verdes y blancas barrancas.
¡Qué importante éramos! Por las dificultades crecientes con los pueblos originarios, durante el Siglo XVIII, el Gobernador de Buenos Aires, Bruno Mauricio de Zabala le solicitó al Cabildo Eclesiástico la creación de una Parroquia.
Allá por el año 1659 Don Cristóbal de Garay y Saavedra vende la tercera parte de la estancia que tenía en esta banda del Paraná al colegio de los Jesuitas, por esto ellos fundaron una importante estancia de ganados que se denominó San Miguel y levantaron una capilla u Oratorio bajo esa advocación. En las barrancas próximas al lugar en que después se estableció el pueblo, la compañía organizó la explotación de los yacimientos calíferos y de yeso existentes. Por superposición de títulos se inició un largo pleito entre la compañía y los herederos de Hernandarias y la compañía de los Jesuitas.
Fue durante el año 1679 cuando concluye este pleito y las tierras quedan en manos de los herederos de Hernandarias, que concluirá en 1777 en manos de María Francisca Arias Cabrera y Saavedra de Larramendi, quien las dona a la Iglesia; y sobre las que se levanta mi Paraná querido.
La población, que se ubicó en las orillas, junto al puerto, y luego en lo alto de la barranca, fue creciendo. El Pago de la otra banda, como se lo llamaba, dependía para la atención espiritual de los curas de Españoles y Naturales de Santa Fe, que delegaban sus atribuciones a algunos misioneros y sacerdotes que recorrían la campiña, en especial el Padre Miguel de Barcelona que arribaba periódicamente a la Bajada a una capilla que los pobladores habían levantado dedicado a la Inmaculada Concepción, se supone que a fines del Siglo XVII. Traía la Palabra de Dios y el amor a la Virgen. Ya nuestra Madrecita del cielo nos cobijaba con sus colores celeste y blanco. La capillita estaba donde existe hoy nuestra monumental Catedral, la casa de Dios. Así me enseñó mi mamá, diciéndome siempre, que los sacerdotes buscaban la Paz con los habitantes verdaderos de estas tierras, nuestros hermanos de la casa chaná- timbú.
La creación de la Parroquia de la Baxada del Paraná, fue el primer paso de nuestra historia local. El Gobernador de Buenos Aires, D. Bruno Mauricio de Zabala solicitó al Cabildo Eclesiástico erigir diferentes Parroquias, entre ellas “la de la otra vanda del Río Paraná”, entregándosele “los ornamentos y alhajas de la Capilla que se desalojó del Rincón…” (Segura, Juan José Antonio: 23). El Decreto corresponde al 23 de octubre de 1730. La Parroquia constituye la primera célula social y política de la Provincia, será alrededor de ellas, las capillas, parroquias u oratorios, que nacerán los primeros pueblos entrerrianos.
Junto a la primera iglesia, de paja y barro, se levantaron las primitivas viviendas, siendo su primer cura párroco Francisco Arias de Montiel, santafesino que accediera al cargo por Concurso de antecedentes y oposición realizado en la ciudad de Buenos Aires. Un 15 de marzo de 1731 fue designado cura de la Bajada.
Su padre, Alonso Arias Montiel, había llegado a Santa Fe, como compañero de D. Juan de Garay y asistió a la fundación de la ciudad. Su familia se arraigó allí y varios de sus miembros actuaron en Entre Ríos, dejando su nombre a la famosa selva de Montiel.
Abrió la primera escuela, convirtiéndose en su maestro. Así los niños pudieron aprender las primeras letras y a dibujar los primeros números. En 1731, llega nuestra tierna Madre, mi Virgen del Rosario, siendo ya reconocida como la Patrona del río Paraná desde el siglo XVI, como lo contara antes.
Mi mamá también me contó que, en el mismo solar que ocupa nuestra imponente Catedral, estuvieron ubicadas la primera Capilla, y los dos templos que se construyeron. La capilla, de paja y barro, fue levantada probablemente entre los años 1715 y 1718. En 1755 quedó habilitado un templo edificado por el padre Arias Montiel. A éste le sucedió otro cuya construcción se concluyó en 1834. Este templo fue la primera Sala de Sesiones del Senado del Congreso de la Confederación Argentina. Y allá por 1885 se va edificando el edificio actual.
Se sabe que la imagen de la Virgen es de las que llegaron de España en la Expedición de Juan de Garay. En 1678 fue trasladada a Santa Fe y de allí a San José del Rincón, y devuelta a Santa Fe por el ataque de los aborígenes alrededor de 1715. Fue traída provisoriamente hasta que pasaran las arremetidas indígenas y nunca fue devuelta. Sólo iba a permanecer un tiempo aquí hasta que se superara la dificultad…pero quiso Ella permanecer en esta región, para luego arribar a nuestra tierra.
Un 27 de mayo de 1731 la recibió el Padre, bajo inventario, junto a las alhajas. También llegó la limosna que había pedido en Buenos Aires, ornamentos de Capilla de la Concepción, y las pertenencias de esta y de la Iglesia del Rincón. La imagen de la Virgen estaba vestida con manto de nobleza, campo azul, guarnición de encaje blanco, volado angosto. Llegaron también entre otros elementos, un manto de damasco blanco, con encaje de hilo de plata, sobre cinta azul; una pollera de nobleza anaranjada, otro manto de nobleza color anaranjado; tres camisas de Bretaña: la una con asientos colorados y mangas; la otra con asientos de colorado y verde; y la tercera, con asientos así mismo de colorado y verde y encajes en las mangas. También dos juboncitos y dos faldellines del niño, una camisita del niño, tres cabelleras de la Santa Imagen, un rosario de cuentas de color de ambar y en él un Santo Cristo chiquito de oro por cruz, y dos sartas medianas de perlas finas, muy deslustradas y viejas; una gargantilla de granates y perlas falsas; un San Antonio pequeño de bulto, un niño que tiene en brazos y en la cabeza puesta una cabellera rubia y su corona de plata. Así también me leía mi mamá de uno de los libros del historiador César B. Pérez Colman.
Yo de chico tenía la curiosidad de saber cómo llegó mi Virgencita aquí, en velero, en canoa, en carabela…Y así fue como ella me contó quela Baxada del Paraná, al encontrarse en la ruta directa a Asunción del Paraguay, se mantiene y acrecienta cuando se construye el puerto. La comunicación con la ciudad de Santa Fe, primero se hizo en veleros, chalanas, bergantines. Se hacía a remo, botador y sirga, tránsito dificultoso por la rapidez de la corriente, el curso de agua, los bajíos y arrecifes que se encontraban a lo largo y ancho del majestuoso río de león, que es nuestro río Paraná. Faltaban planos o cartas para la ruta. Ella se inclinaba porque hubiese venido en una chalana, pequeña embarcación, de fondo plano, proa aguda y popa cuadrada, empleada en el transporte fluvial o de canales y dentro de los puertos. No existe registro de este tema en los archivos, pero me imagino el fervor religioso que habrán tenido los hombres al traerla por el río en medio de los susurros del agua dorada. Quizás sus familias fueron bendecidas por tan celestial misión, como bendecida fue Paraná al poder contar con su misericordiosa maternidad.
La capilla la puso a resguardo el Padre Francisco, levantándole paredes como muro, frente al avance de las tribus indígenas y de los incendios generados por los charrúas. Y estaba bajo la maternidad de mi Virgencita, quien la cuidaba al igual que a sus feligreses sosteniéndolos en su regazo. La labor evangelizadora, protectora y muy humana del sacerdote se extendió a lo largo y ancho del Curato.
El Comisionado del Obispo que visitara la Iglesia, destacó la tarea encomiable del Párroco.
Entre las anécdotas de sus vivencias, los historiadores destacan el siguiente acontecimiento, digno de mencionarse. A sabiendas de un día en que atacaría la Baxada una invasión charrúa, montó su caballo y se internó en el campo en soledad. Y con sus dones celestiales intercedió ante los caciques y capitanejos, bajo el amparo de la Virgencita del Rosario, para que no atacasen al pueblo. Así sucedió. Al atardecer de aquella luminosa jornada, regresó a su Parroquia acompañado de los caciques más importantes de la tribu, encendió las luces del altar y elevó sus rezos en acción de gracias.
Otro hecho destacable es que frente a una enorme sequía, que tuvo en desgracia a la Baxada, sacó la Imagen de la Virgencita del templo en procesión por las calles. El vecindario acompañó masivamente. Y el milagro de la lluvia llegó.
Cabe destacar que fue el Padre Francisco quien utilizó por primera vez el nombre de mi ciudad. Lo hizo en una comunicación que elevara al Gobernador Zabala, dándole cuentas de su labor.
La humilde capilla nunca fue atacada por los aborígenes, y la población estuvo siempre protegida al amparo maternal, tierno y permanente de nuestra Madrecita del Rosario. Ni las pestes le llegaron.
El Cura Párroco ocupó su lugar hasta 1764, de manera interrumpida varias veces por su estado de salud. Fueron treinta tres años de labor amorosa hacia sus feligreses y la población.
Hacia 1788 se contaban cuarenta familias y 300 personas; y para 1782, en un informe del Comisionado del Virrey, D. Tomás de Rocamora, se ubica el poblado a media legua del puerto y se calcula la población en 700 personas. La edificación era primitiva, en forma de rancho. El culto y las festividades religiosas se desarrollaban con algarabía. Paraná crecía al compás del tiempo del río, de sus riquezas naturales, del desarrollo de su población, que lentamente aumentaba con habitantes llegados de Corrientes, Paraguay y de territorios portugueses; y por la acción indiscutida de la Iglesia.
Los ríos se convirtieron para lo que hoy es nuestra Provincia en barreras naturales que no ayudaron en el crecimiento de Paraná. El transporte fluvial, fue el medio más importante durante su historia; y favoreció la comunicación y el intercambio comercial con la lentitud propia de su ritmo. La Baxada de Paraná, al encontrarse en el camino a Asunción del Paraguay, cobró importancia. La misma aumentó con la apertura futura del puerto. La comunicación con la ciudad de Santa Fe, se efectuaba en veleros, chalanas, bergantines…las velas sólo se podían utilizar cuando soplaba el viento. El río color de león dibujó ondas doradas acompañando dicho movimiento, alegrando los corazones de viajeros que disfrutaban la travesía. Y seguramente el surubí, la boga, el amarillo, el manduvé, el armado y los patíes, entre otros, alegraron el viaje de quienes degustaron sus sabores a la parrilla. Ni que decir del paisaje verde y florido de los jacarandáes florecidos de azul lila, los sauces llorones, los limoneros, naranjos, aromitos y olivares.
La extracción de la piedra caliza contribuyó al desarrollo pausado y sostenido de mi querida Paraná…En fin cuánto para decir…Cuánto me enseñó mi mamá, devota gigante de mi Virgencita del Rosario.
PARTE II
Nuestra Virgencita del Rosario Patrona de Paraná
El Paraná de Josefa y Ciriaco
Existe un hermosa historia que me contase mi mamá también, ella me hablaba del Paraná de Josefa y Ciriaco. Claro, creo que ella puso algo de ficción, pero con el contenido histórico correspondiente. Y dice así:
Josefa y Ciriaco caminaban por las calles polvorientas y calurosas de tierra de la Baxada. Ciriaco se preguntaba si conseguiría una modesta casita, para criar a su esperada hija. Deseaba que la brisa de la tarde acariciara su cuerpo y sus sentimientos para poder solucionar los problemas que le deparaba la vida. De adobe y paja construyeron su humilde hogar, y el techo lo armaron con varas de sauce llorón y caña. La cercaron con palos a pique y madreselva, ligustrina y una alegre y perfumada glicina. Con aromas de primavera, disfrutaban de su casita en el barrio del candombe (cercana a las actuales calles Colón y Buenos Aires). Corría el año 1812. En los días de verano la Baxada se tornaba agobiante, sus pobladores calmaban la sed con limonada preparada con agua de pozo y una o dos cucharaditas de azúcar.
Seguramente fue una noche de enero que Ciriaco redactó una carta para enviar a Buenos Aires pidiendo como vecino que Paraná se elevara a Villa. Era hora de no depender más de Santa Fe. Hacía falta un Cabildo con ciudadanos comprometidos que cuidaran mejor sus calles, su gente, la salud, la higiene, la seguridad. ¡Cómo deseaban disfrutar de una Villa! En verano ir a pescar con su futura hija (de más está decir que la pensaban hija y no hijo…sólo Dios sabía) en su vieja canoa; querían sentir la frescura del Río Paraná, mientras los matices del ocaso les hablaban en distintos idiomas sobre las coloridas barrancas.
Josefa amaba a su Virgencita del Rosario, para ella era el tesoro más preciado de la Parroquia y del poblado. La Virgen con el Niño, y el Rosario, simbolizaban el camino de salvación; y su presencia cuidaba el Río, las barrancas, las huertas, los pobladores. Y especialmente los niños que eran el futuro con su corazón sencillo y humilde. En sus oraciones pidió porque el sueño de su querido esposo y de otros vecinos se hiciera realidad.
Pasaron los meses y el 25 de Junio de 1813 la Asamblea General Constituyente elevó a la Bajada del Paraná al rango de Villa bajo el nombre de la Virgen del Rosario, debiéndose crear un Cabildo. Los cálidos vecinos se reunieron alrededor de la Virgen, que con sus ojos celestes como el cielo, les transmitía luces brillantes de paz. Ellos expresaban sus sentimientos de algarabía con sus voces y sus palmas. Como Alcalde se designó al ciudadano Don Andrés Pazos, hombre de bien, de origen porteño. Es valiosa la Proclama que dirigió y que fuera expuesta en bandos en las principales esquinas. Josefa y Ciriaco, ya con su hija María Sara recién nacida, escucharon sus palabras: “Habitantes de esta ilustre Villa de Nuestra Señora del Rosario del Paraná: El primer día del próximo Octubre por disposición superior, se establecerá el primer Cabildo… aparecerá la abundancia y la felicidad…”.
Al día siguiente de la Proclama, en el barrio del candombe, se había organizado una fiesta de baile y comidas. Se bailaban danzas folclóricas, había empanadas y pastelitos dulces. Las niñas jugaban rondas y al pícaro gallito ciego. Los hombres corrían carreras de caballos y sacaban la sortija, también practicaban el juego de la taba. Ciriaco, Josefa y María Sara, en aquella noche, luego de haber bailado y comido, dieron un paseo. Las calles de la Villa eran desniveladas, se veía como los nuevos pobladores, habían construido sus sencillas viviendas. Las casas constituían, en su mayoría, simples ranchos. Las veredas estaban delineadas por postes.
Ciriaco y su familia pensaban que la Villa era una semilla plantada de la cual crecería un gran árbol, que daría frutos de tranquilidad y amor. La Luna con su resplandor les decía que se haría realidad. Algún día esta hermosa Villa sería una ciudad protegida por la Virgen y sus ángeles, y su corazón renacería para ver y sentir la prosperidad y el desarrollo cultural, social y económico. El paranaense se convirtió con los años en un hombre de proyectos, amante de la libertad y la justicia, constructor de la solidaridad e ingeniero de la paz. Hoy el río junto a las barrancas y los edificios, son testigos de cómo los anhelos de Josefa y Ciriaco se cumplieron. De los hijos de sus hijos, y de los hijos de los hijos de las muchas familias que habitaron y habitan nuestro Paraná, recordamos con respeto y esperanza la obra hecha. Quisiera que Josefa y Ciriaco sean mis antepasados…Josefa Góngora y Ciriaco Sánchez… ¿lo serán? Yo creo que sí.
PARTE III
Cuando los vecinos de la Villa eligieron a su Patrona
El 1º de enero de 1825, Nuestra Señora del Rosario fue elegida como Patrona de Paraná, en un acto eleccionario democrático y participativo, que se llevara a cabo en la Plaza Principal por iniciativas del Presbítero Francisco Dionisio Álvarez. Se efectuó en una urna cerrada, ubicada sobre el brocal del aljibe, que se halla en el sitio cercano al actual Monumento al General José de San Martín. San Miguel Arcángel, en segundo lugar, se convirtió en Patrono de la Provincia. Así fue cómo mi mamá, para que aprendiera esta parte de la historia, me llevó al centro de la Plaza 1º de Mayo, y me contó: “¿Ves José?, aquí funcionaba la cisterna de agua que proveía a los paranaenses del agua. El agua, es el elemento líquido fundamental en la vida de un pueblo para su vida diaria. Es una bendición. Y lo sigue siendo”. Helados en mano continuamos por la diagonal de la Plaza conversando, tenía 7 años.
El Dr. Francisco Dionisio Álvarez (1786-1848) fue elegido Cura párroco de Paraná, designado por el Gobernador del Obispado, Monseñor Mariano Zabaleta en reemplazo de Antolín Gil y Obligado. Rigió la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario hasta 1848, fecha de su muerte. Fue una prominente figura del quehacer religioso, civil, político, cultural de Entre Ríos. Además de ser Cura Párroco de la Iglesia Matriz, fue Delegado Eclesiástico a partir del año 1828, Diputado en el Congreso Nacional de 1824 – con breve participación -, Diputado provincial de la Legislatura de Entre Ríos, de la que fue su Presidente por muchos años. Mantuvo excelente comunicación con los gobernantes de su época. Afable amigo de los Gobernadores de la Provincia de Entre Ríos: Pascual Echagüe, y Justo José de Urquiza. Supo contemporizar. Paraná progresó considerablemente con su labor, en lo edilicio, cultural, sanitario, en el campo de la seguridad. Entre otras obras se destaca entonces, la elección del Patrono de la Provincia y Paraná, el impulso de la arquitectura religiosa, la seguridad de la urbe. Respecto a la elección del Patrono de Paraná y de la Provincia, como lo expresara, constituye la primera experiencia democrática de participación ciudadana que se efectuara en 1825 sobre el brocal de la cisterna que proveía agua a la población en la Plaza Principal, siendo Nuestra Señora del Rosario elegida como Patrona de Paraná, San Miguel Arcángel Patrono de la Provincia, y Santa Rosa de Lima Patrona de América – declarada como tal el 14 de setiembre de 1816 en el Congreso de Tucumán-. Se votó mediante cedulillas depositadas ante el cura párroco y el escriba público colocadas en la urna. Por la difícil elección que se suscitaba, el Párroco recabó la intervención de los poderes públicos para morigerar la animosidad que había despertado en la feligresía. En el mes de enero de 1825 se efectuó el comicio del pueblo paranaense, votando también los laicos de las Vice parroquias de Alcaraz y de la Matanza (Victoria), que dependían del curato de Paraná. Hasta el día de hoy los festejos de ambos patronos, de la Diócesis y de la Provincia, convocan a la población multitudinariamente al atrio de la Catedral, con presencia sostenida a lo largo de los años de las diferentes autoridades gubernamentales y de colectividades de la región.
Los pobladores fueron convocados para el voto a través de pregoneros que eran acompañados por una banda de cornetas. Se tocaba llamada desde las cuatro esquinas de la Plaza. La proclamación popular, fue acompañada con festejos varios. Oficialmente desde el 1º de enero de 1825, quedaba el culto a la Virgencita definitivamente aceptada.
La Viila Nuestra Señora del Rosario fue creciendo en todos los aspectos. El Cementerio se trasladó desde la misma manzana de la Iglesia, de la parte posterior, hasta el lugar que hoy ocupa, y es el Cementerio Municipal de la ciudad. El 8 de marzo de 1826 se inauguró la Capilla de la Santísima Trinidad, por el trabajo denodado del Padre Dionisio Álvarez. La Villa fue elevada a su rango de ciudad mediante una Ley sancionada por la Legislatura el 26 de agosto de 1826. En esta elevación, que se hizo junto a la de Concepción del Uruguay, participó Justo José de Urquiza, Presidente de la Sala, como también el Padre Francisco. Después llegará un período muy difícil e inestable de nuestra historia provincial. Se sucedieron entre 1826 y 1830, nada menos que veintiún gobernadores.
El General Urquiza era devoto de la Virgen del Rosario. Por su orden fue puesto a los pies de mi Virgencita, un estandarte tomado por el ejército entrerriano a las tropas en la batalla de Arroyo Grande, como tributo de veneración y acción de gracias.
Epílogo
En fin… ¡Cuánto más me enseñó mi madre de niño y adolescente! Hoy que los años han pasado, quisiera que todos los niños aprendieran la Historia de mi Virgencita del Rosario y de mi Paraná querido. Paraná, el lugar en el mundo que tiene la dicha de contar con la presencia serena y celestial de la Madre de Dios, bajo una advocación bellísima, que nos llena de Esperanza. Los rezos de mi madre seguramente me ayudaron a seguir mi camino, el del sacerdocio. Por lo visto Dios tiene para cada uno un plan, que desde nuestra libertad, vocación y decisión podemos vivir. Yo espero que esta historia que les he contado, que contiene la Historia de mi Virgencita en nuestra ciudad, los ayude en el caminar diario junto a sus padres, hermanos, abuelos, tíos, amigos y maestros a encontrar su misión. Y no duden jamás en hablar con mi Virgencita, ella los conoce uno por uno, y está llena de Milagros para repartirles. El Santo Rosario es el camino para llegar a ellos. Sólo los espera silenciosa y amorosamente en su Camarín, en la Iglesia Catedral… Aunque a decir verdad vive en el corazón de ustedes. Hagan que su Luz brille en el afuera tan necesitado de su Maternidad. No todos la han descubierto. Espero que ustedes niños sí lo hayan hecho. ¡Qué ella los acompañe!
Bibliografía
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- Mentasti, Sara del Rosario, Tres momentos de la acción evangelizadora de la Iglesia en nuestra Historia local. Francisco Arias Montiel. Dr. Francisco Dionisio Álvarez. Dr. Abel Bazán y Bustos (S. XVIII - XX). INES, Centro de Investigaciones Históricas, Paraná, diciembre de 1992
- Idem, Algunas premisas para la investigación de la Historia Religiosa y el fenómeno mariológico en el litoral rioplatense (S. XVI - XX), INES, Centro de Investigaciones Históricas, Paraná, octubre de 1990
- Pérez Colman, Cesar Blas. La Parroquia y la Ciudad de Paraná (1730-1930) Paraná. Talleres Gráficos La Acción, 1930.
- Riani, Jorge, 2012, Relicario Crónicas urbanas de Paraná, Publicación homenaje al Bicentenario de Paraná, Paraná, Editorial Fundación La Hendija.
- Segura, J.J.A. Historia Eclesiástica de Entre Ríos. Nogoyá 1964, Escuelas y maestros de Entre Ríos antes de 1810 (Ponencia) Universidad Nacional del Litoral, Facultad de Ciencias de la Educación, 1974
- Sors, Ofelia, 1981, Paraná. Dos siglos y cuarto de su evolución urbana 1730- 1955, Santa Fe, Editorial Colmegna S.A.
- Sors, Ofelia, 1993, Paraná después del Túnel Subfluvial 1960- 1990, Victoria, Imprenta Los Gráficos.
- Zapata, Lilia Nora- Colaboración: Mentasti, Sara del Rosario, 1997, Paraná…Catedral del río. Retazos de Historia Local y Provincial desde la Prensa escrita.
- www.arzparan.org.ar
- Agradecimiento a la Prof. Celia Godoy, Responsable Archivo del Arzobispado de Paraná.

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